De “escoletes”, “vegues” y avales

Sin duda, la plaza des Born luce espectacular sin coches y con el peatón reconquistando su espacio. La imagen, seguramente espejismo, se desvanece el domingo por la tarde, pero sirve para reavivar la ilusión reincidente en Ciutadella de que algún día la famosa peatonalización será una realidad. Pienso en ello mientras estoy de camino hacia la redacción, dispuesto a finiquitar una nueva semana de tijeretazos y noticias que abundan en el pesimismo.

EL POSIBLE RECORTE EN LAS “ESCOLETES” me llena de pánico. Sí, sí, pánico. Quizás será porque aún estoy en prácticas en esto de ser padre, y me cuesta entender que se quieran quitar medios para aquello que todos los políticos, sin excepción, dicen que es nuestro futuro. Si finalmente, como apuntábamos a mediados de semana, las “escoletes” de Ciutadella se quedan sin su personal de refuerzo, la cosa se complicará. Porque a mí que me expliquen como puede una profesora hacerse cargo de doce niños que se mueven más que Messi en la delantera del Barça, y que muchas veces necesitan un abrazo para superar la añoranza temporal de sus padres. Vale, el personal de refuerzo es simplemente eso, un refuerzo, pero cuando algo necesita ser reforzado, es que sin ese refuerzo cojea. Sé que esta frase pasada no superaría un examen de periodismo, por la repetición constante del refuerzo, pero insisto, a riesgo de que algún exprofesor me quite el título: sin refuerzo, la escoleta cojeará, y con ella, la educación de nuestros hijos. ¿Recuerdan, señores políticos, aquello de que no vamos a recortar ni en educación ni en sanidad? ¿O se lo tendremos que hacer escribir cien veces en la pizarra?

LO DE SES FONTANELLES ERA PREVISIBLE. Analizados los precedentes, todo hacía pensar que el desalojo de esta cala era cuestión de tiempo. Y también era previsible que la decisión generaría un encendido debate como el que se ha producido en la edición digital de este periódico. A grandes rasgos, el dilema es si debe darse continuidad a una tradición que no encaja en la normativa o si debe primar la ley. Difícil debate. Un jurista diría que evidentemente, la ley está para cumplirse y que quien la incumple sabe que en cualquier momento, el chollo puede acabarse. Pero el problema llega cuando la ley surge más tarde que la situación y esta situación acaba convirtiéndose, para algunos, en tradición.

Paco Sturla

Sin duda, existen una infinidad de canciones que  ponen de manifiesto que lo de ‘anar a fora’ es algo que viene de lejos. Esta mañana escuchaba a los Sonadors de Son Camaró con una que dice “Deixant sa mala atmosfera des poble, ens reunim aquí. Aquí oblidam fatigues i amargures, feim sa vida feliç (…) Aquí no hi ha ambicions ni hi ha egoïsmes, ni llei ni autoritat”. Tal cual lo que pasa en Ses Fontanelles. Aquello no se rige por ninguna norma escrita, sino por una tradición que algunos entienden un privilegio, otros algo cultural. Seguramente entre el desalojo y continuar como hasta ahora, hay un punto medio. El tema está en que alguien quiera encontrarlo.

EN SES VOLTES ME ENCUENTRO A LOS DEL PSM que buscan firmas para poder presentarse a las elecciones del 20-N. Si no supiera de qué va la cosa, seguramente no me lo creería. No entiendo que un sistema democrático, en el que supuestamente la participación es la meta máxima, ponga trabas precisamente a la participación. ¿Para qué pedir avales antes de las elecciones? Vale, alguno me dirá que para evitar que grupúsculos indeseables, mala gente, pueda aprovecharse de las ventajas de un proceso electoral para difundir ideas malas malísimas. Y yo contesto: ¿Para qué tenemos una Junta Electoral, entonces? El pueblo, creo yo, es suficientemente inteligente como para saber si alguien es de fiar o no. El verdadero aval de un partido son sus votos, no las firmas antes de un proceso electoral. Porque pongamos por ejemplo que un partido no reúne los avales suficientes para presentarse a las elecciones. Nos quedamos sin la oportunidad de votar sus ideas incluso antes de conocerlas. Para mí que esto no es democracia, sino precisamente lo contrario: blindar el “status quo” de quienes ya están dentro del sistema, para evitar que alguien lo pueda cuestionar y reformar.
Me alegra saber que hubo quien firmó avales siendo de otro partido minoritario que no concurre a los comicios generales. Esa sí es una buena muestra de democracia.

ME RESIGNO A INFORMAR EN NEGATIVO durante aún bastantes semanas. Hablando con gente que vive el drama de la crisis en primera persona, recibo las críticas al periodismo de estos días, que ahonda en las malas noticias y apenas deja hueco para las buenas. Puedo compartir en parte su opinión, pero yo, en mi visión pseudorromántica de esta profesión, les explico que nuestra misión no es más que la de coger la realidad, convertirla en palabras y ponerla sobre el papel para que la gente la conozca. Es verdad que desde nuestra atalaya podríamos infundir optimismo y les prometo que un servidor lo intenta. Busco algún balón de oxígeno en el panorama informativo, algún brote verde entre tanto cardo seco, pero apenas lo encuentro. Y me consuela ver que no es que yo sea un mal ‘cercador’, sino que se ve que las buenas noticias, como los “esclata-sangs”, son escasas. Yo insistiré, como todos mis compañeros en este periódico. No tenemos ningún interés en pintar una realidad negra. Les prometo que al contrario. Pero lo que pasa es que en este caso, nosotros, los periodistas, no somos los pintores. La pintura viene de serie.

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