Matar a todos los mensajeros

El pasado martes tuve la suerte de no trabajar, pero les prometo que por un día hubiera pagado para ir a la redacción. Les explico. El lunes se aprobaron las conclusiones de la comisión de investigación de Son Quim, y un servidor cubrió la noticia. Me preocupé mucho de entender bien el caso –que no es sencillo–, de leerme bien las conclusiones y de preguntar a quien tocaba lo que no me quedaba claro. Acabé de escribir a las tantas de la noche, pero lo hice satisfecho. Al día siguiente, vi que los otros medios de comunicación habían entendido lo mismo que un servidor, y así lo habían publicado. ¿Que por qué quisiera haber trabajado en martes? Porque ese fue el día en que desde el PSOE de Ciutadella aseguraron que todos los medios estábamos equivocados, y que de lo que habíamos escrito a lo que había pasado distaba un gran trecho.

Lo de matar al mensajero es una táctica bastante absurda, más aún cuando no hay un solo mensajero, sino cinco, y los cinco dicen lo mismo. El PSOE votó las conclusiones de Son Quim sin saber qué votaba, o como dicen ellos en sus comunicados, “sabiendo que votaríamos algunas cosas que no se correspondían con el sentido último de nuestro voto”. Es decir, en una comisión especial de investigación votan una cosa, pero luego se reservan el derecho a cambiarlo. Entonces, me pregunto yo, ¿para qué sirven los votos de esta comisión? ¿Qué hacían allí los dos representantes del PSOE, si después desde la cúpula del partido ya decidirían cuál era la postura oficial?

El caso de Son Quim es delicado, mediático y polémico, motivos más que suficientes para que quien vota unas conclusiones se preocupe muy mucho de saber qué vota. En la conclusión polémica propuesta por el PP se produce aquella historia de la contraposición de dos casos: en el caso A se produjo una cosa, pero en el B no. Los periodistas, al leer esta conclusión, vimos enseguida que aquello podría traer miga, y por eso preguntamos primero al presidente de la comisión, y después al PP, si efectivamente aquella conclusión significaba que se había beneficiado a un cargo público con el caso de Son Quim. Joan Triay se mostró más cauto, pero el PP, autor de la conclusión, nos dijo que aquella era efectivamente la filosofía de la conclusión. ¿Y el PSOE ha votado a favor?, preguntamos. Sí, el PSOE ha votado a favor, nos contestaron. Estas dos preguntas nos llevaron dos minutos escasos. ¿No podrían haber hecho lo mismo los señores del PSOE en el seno de la comisión? Claro que el PP escondía intención política en esta conclusión. ¿O es que los socialistas dudaban que sus oponentes iban a intentar sacar tajada del tema? Ante esta actitud, y en caso de duda, lo normal era que el PSOE, como mínimo, se hubiera abstenido. Lo que queda fuera de toda lógica es que apruebe unas conclusiones, los medios las publiquemos y luego la culpa sea nuestra. En vez de salir en rueda de prensa y acusar a los periodistas de interpretar mal la realidad, lo más inteligente por parte del PSOE hubiera sido admitir su error político de criticarse a sí mismo y de admitir, aunque sea implícitamente, que se ha favorecido a un miembro de su partido.

Otra cosa es que la conclusión sea cierta o no, porque tras la labor de la comisión, hay dos tipos de conclusiones. Las que ponen sobre la mesa hechos objetivables, concretos y comprobables, y otras que interpretan estos hechos y deducen intencionalidades algo más subjetivas. Aquí se puede discutir lo que se quiera, pero el seno para hacerlo era la comisión creada explíticamente para ello.

Y el PSOE tiene razón en afirmar que el otro caso analizado en la comisión, el de Munper, también se las trae. Un uso prohibido permitido, y una tramitación realizada con insólita rapidez. Cierto, alguien tendría que explicar mejor esta situación y responder preguntas. Pero al menos los populares no han salido atacando al mensajero, al periodista que hace su trabajo. La señora Pilar Carbonero sí lo ha hecho, en una rueda de prensa que mis compañeros me aseguran fue rocambolesca y esperpéntica. Por eso les digo que este martes me hubiera gustado trabajar. En otras ocasiones ya me organizaré mejor.

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